ALBERTO MESTRE
ESPECIAL/EL UNIVERSAL
Que difícil es decirle adiós a un amigo con el
cual compartí los mejores momentos de mi carrera deportiva.
Esas experiencias tan intensas en nuestras vidas que nos
fueron transformando de niños traviesos y soñadores,
a compañeros de cuarto en la Universidad de Florida,
en Gainesville, hasta nuestra culminación deportiva
y el comienzo de nuestras vidas como cabezas de familia.
La ida repentina de "Rafa" nos ha dejado muy tristes
a todos porque quienes lo conocíamos sabíamos
que él tenía mucho más para darnos.
Hoy recuerdo y siempre recordaré a ese adolescente
que con una raqueta de tenis como guitarra y el volumen
a todo dar imitaba a su grupo musical favorito, Kiss.
Ese compinche que me acompañaba a las polleras
cercanas a las villas olímpicas, donde nos hospedábamos
durante las competencias, para completar el insaciable
apetito adicional a la comida servida en estos eventos.
Ese ser humano comprensivo y generoso que me adoptó
como su hermano menor durante mi primer año
de universidad en momentos cuando mi familia me
hacía muchísima falta.
Ese compañero, que con sus habilidades de
dicción, se expresaba por nosotros, la selección
nacional, cuando se nos solicitaba dar un discurso.
Ese hermano mayor que siempre me guió
y me aconsejaba en mis momentos difíciles
como persona.
Ese deportista disciplinado y metódico
que nunca dejaba de entrenar buscando siempre
la perfección.
Esa persona grandiosa, es ahora más
grande al estar tan cerca del Señor
y por siempre será nuestra mejor guía.
Dentro de todo este infortunio, me siento
agradecido de la vida por haber tenido
la oportunidad de convivir, conocer y
disfrutar de él.
Hasta luego Amigo, siempre estarás
conmigo.