JUAN CERMEÑO
EL UNIVERSAL
La Alianza Francesa, en La Castellana, fue el sitio de concentración
de muchos aficionados de esa nacionalidad para seguir el partido
que Francia ganó a Portugal para anotarse en la final del
Mundial de Fútbol de Alemania.
El espacio, en el que predominaron el rojo, blanco y azul
de la bandera francesa, resultó pequeño para la
cantidad de seguidores, por lo que el embajador Pierre-Jean
Vandoorne dejó abierta la posibilidad de convertir a
la plaza Francia en el sitio de reunión para la final
contra Italia el domingo.
La algarabía comenzó apenas la pantalla gigante
mostró a Zinedine Zidane frente a la selección
gala en su salida a la cancha, y junto con Ribery se convertirían
en los más aplaudidos.
Cada acción fue seguida con detenimiento, pero en
especial cuando era un francés quien llevaba la pelota:
se levantaban de sus asientos, hacían gestos con
los brazos y gritaban.
El momento culminante, como en el partido, fue en el
minuto 31. Carvalho derribó a Henry en el área
y todos se levantaron de sus asientos pidiendo un penal
que a unos 10.000 kilómetros sentenció el
árbitro y transformó en gol Zidane para iniciar
la celebración.