JAVIER BRASSESCO
EL UNIVERSAL
Catenaccio, cerrojo... pónganle el nombre que quieran.
El hecho es que los dos equipos que el domingo jugarán
la final del Mundial exhiben cerrados sistemas defensivos que
permiten prever un partido con muy pocos goles y en donde destruir
el juego del rival será la prioridad.
Sin embargo, ambas selecciones cuentan al mismo tiempo con
jugadores capaces de abrirse paso entre la espesa red que
se tejerá en torno a las porterías y que pueden
dar vistosidad a un encuentro en donde predominarán los
motivos tácticos y el espíritu de equipo sobre las
individualidades.
Si el técnico italiano Marcelo Lippi llegó a
utilizar a un mismo tiempo a cinco jugadores de corte ofensivo
en un partido, entonces quiere decir que se puede esperar
cualquier cosa. No importa que las entradas para la final
se hayan devaluado en más de ciento por ciento en los
últimos tres días: los dos equipos son mucho más
que un sólido muro defensivo.
El primer nombre que viene a la mente a la hora de pensar
en quién podría vulnerar la férrea defensa
que todos anticipan es el de Thierry Henry. No ha tenido
el Mundial que se esperaba, pero con todo y eso se las
ha arreglado para marcar tres veces y está entre
los diez nominados a ganar el Balón de Oro como jugador
más destacado del torneo. Pero él sabe que es
mucho más lo que se espera del máximo goleador
de la liga inglesa, del hombre a quienes muchos consideran
el mejor delantero del mundo. Todavía no es tarde
para que demuestre de lo que es capaz.
Pero no es Henry la única variante ofensiva de
la que disponen unos bleus que en la final vestirán
de blanco, aunque sí el único delantero del
esquema de Domenech. Después de la primera fase,
el técnico francés ha venido empleando un
sistema 4-2-3-1 en donde Zidane, Ribery y Malouda trabajan
como mediapuntas.
Malouda es un interior izquierdo de carácter
netamente ofensivo, mientras que Franck Ribery, un
velocísimo centrocampista que fue la revelación
del campeonato francés, puede jugar por ambas
bandas. De hecho el jugador del Marsella se mueve
por todo el campo, y ha mostrado un despliegue físico
impresionante. Zidane es el cerebro del equipo y quien
impone el ritmo, además de que todos los ataques
suelen pasar por sus pies. Y si nada de esto le funciona,
Francia tiene además la opción de Patrick
Vieira, quien cuando lo dejan abandona su labor de
contención para sumarse al ataque.
Algo más que catenaccio
También Italia cuenta con un delantero
centro de lujo: Luca Toni. El fuerte jugador
del Fiorentina anotó 31 goles en el campeonato
italiano, superando la barrera de los treinta
por primera vez en cuarenta y siete años.
Al igual que Henry, tampoco Toni ha tenido un
Mundial soñado, pero nada mejor que una
final para reivindicarse.
A Italia le sobran las variantes ofensivas,
que no se limitan, ni mucho menos, a Luca
Toni. Francesco Totti es su hombre estrella
en la creación, también anota goles
y también espera despertar de su largo
letargo el domingo. Andrea Pirlo es el dueño
del mediocampo y siempre juega muy pegado
a la portería contraria, mientras que
por las bandas los azzurri cuentan con dos
laterales incombustibles: Gianluca Zambrotta
y el sorprendente Fabio Grosso, quien en un
principio no era ni titular y ya les resolvió
dos partidos a su equipo.
Hay motivos para la esperanza. Así
como es probable la repetición de aquel
0-0 de Brasil-Italia en la final de 1994,
también puede ocurrir que el mundo
presencie una final de ida y vuelta en donde
todas las previsiones defensivas estallarán
por los aires. Los dos equipos tienen material
para eso. Sólo falta que el miedo no
sea mayor que ellos mismos.