Duisburg. Unos tres mil aficionados acudieron ayer
a una festiva práctica de Italia en anticipación del
partido del domingo contra Francia por la final de la Copa del
Mundo.
La sesión de trabajo, realizada en un campo de fútbol
en el barrio de Meiderich, en Duisburg, fue seguida por unos
hinchas que hicieron una verdadera fiesta de apoyo al equipo
y sus figuras, portando banderas tricolores y vistiendo, casi
en su totalidad, casacas azules de la selección.
Los gritos de "I-ta-lia, I-talia" resonaban en el miniestadio
mientras el plantel se movía a las órdenes del
entrenador Marcello Lippi.
En realidad, la práctica iba a ser abierta sólo
para la prensa, pero la llegada de la multitud de seguidores
obligó a los responsables de la federación italiana
a abrir las puertas a los hinchas, que aparte de festejar
a cada uno de los jugadores, seguían celebrando con
cánticos la victoria en semifinales sobre Alemania.
Los azzurri entrenaron con la pelota especial dorada
que será utilizada el domingo en Berlín, reseñó
AP.
En una tarde húmeda y nublada, el momento de
mayor emoción se produjo cuando un niño
de tres años llamado Vincenzo evadió a la
seguridad y corrió a la cancha. El delantero
Alberto Gilardino, quien en el partido de semifinal
hizo el pase a Del Piero para el segundo gol azzurro,
intercambió múltiples pases con el niño,
quien estaba vestido con los colores de la selección.
La práctica terminó con una demostración
de dribbling y control del balón de Alessandro
Del Piero, quien le dio una palmada en la espalda
a otro niño que también entró a la
cancha.
La escuadra azzurra volverá a entrenar hoy
por la tarde, y se espera que esta vez sí
sea a puertas cerradas, como lo exigió el
entrenador.
Italia viajará mañana a Berlín
para su última práctica en el estadio
Olímpico antes de chocar con los franceses.
El conjunto de Lippi es favorito para llevarse
la Copa.