Berlín. Horacio Elizondo, primer argentino que
pitará una final de un Mundial y pionero en abrir y cerrar
el evento, adora escribir poemas, pero el domingo en el Francia-Italia
tendrá que olvidar la pluma y el lirismo para dirigir con
más autoridad que nunca.
"Alemania-Costa Rica será el partido más importante
de mi vida", había confesado Elizondo, a AFP, antes de
saber que sería el árbitro de la final.
Ahora Elizondo tiene una especial revancha, tras haberse
quedado fuera del Mundial Japón-Corea del Sur 2002,
pese a que la crítica argentina lo consideró siempre
el mejor.
"En 2002 pensaba que aquel debía ser un Mundial
para mí, pero en este tiempo siento que he madurado
como árbitro y como ser humano", declaró. "Habrá
más tarjetas y más penales", había dicho
el árbitro, a la luz de las últimas instrucciones
de la FIFA que fijan mano dura frente a la violencia física
y las intencionales pérdidas de tiempo.
155 millones de sobrecitos de barajitas ha vendido la empresa
italiana Panini, desde que sacara a finales de abril su colección
mundialista. Entre las figuras más cotizadas se encuentra
el portero Jens Lehmann, que se sumó tarde a la colección.