Apuntes

EL FENOMENO "SURVIVOR"

Cuando todos somos noticia

Unos 30 millones de norteamericanos vieron el final de "Survivor" (Sobreviviente), que se ha convertido de un programa de éxito en una pregunta sobre la nueva naturaleza tecno-comunicativa en la que todos podemos ser noticia. La mañana siguiente, la caricatura del New York Times mostraba a los electrodomésticos de una casa echar por votación al televisor. Pero lo cierto es que el diario, más bien, podría haber sido despedido. La televisión está aquí para rato, transformada a su vez por el principio de comunicación que el Internet ha impuesto: la noción de que cualquiera es noticia mañana. Mientras que el periódico todavía vive el viejo culto de la élite mínima y famosa, y su espacio disponible carece de inclusión y relevo, el Internet y la televisión producen el relevo, ensanchan la inclusión y promueven la comunicación en tiempo real como un diálogo que crea interlocutores, esto es, protagonistas.

"Survivor" no pudo ser un juego más elaborado. En primer lugar, los elegidos para la prueba pasaron por el examen psicológico que los seleccionó no por su individualidad sino por su tipicidad. Cada uno representaba sectores de clase, educación, género, origen, edad, raza... Pero también rasgos de personalidad identificables como modelos. Por ello, es tal vez lógico que haya ganado el más astuto, Richard, al que todos llaman manipulador, pero cuya virtud fue asumir la prueba como un juego y en cada etapa adaptarse a las circunstancias con espíritu deportivo. Actuó el show y maniobró con destreza hasta quedarse con el millón de dólares. Ganó, así, el más fuerte. En las comunicaciones de hoy, el más fuerte es el que actuó mejor su propio personaje.

Pero, en segundo lugar, "Survivor" no fue nunca un test de sobrevivencia, a pesar de la mala comida y el pésimo clima. Los competidores (actores de sí mismos) estuvieron siempre rodeados de decenas de técnicos y cámaras, tal como ocurre con el programa pariente, "Gran hermano", donde la noción de intimidad se convirtió en maldecir o patear; o sea, en mala actuación. Vivir dentro de un tiempo ilusorio como si fuere real, sin embargo, es la medida de lo real para el público masivo, al que ya no se puede concebir como menos espectadores ni sólo consumidores porque son actores del fenómeno comunicativo más importante de estos años: el lector del diario o de novelas, el espectador de la tele o el cine, el navegante de la red, buscan participar en un diálogo cada vez más inmediato y horizontal, en el que las fuentes comunicativas son un acceso a la realidad; o sea, espacios de concurrencia donde cada uno espera el turno de su voz.

No se trata más de la ironía de que "en el futuro todos seremos famosos por 5 minutos" (Andy Warhol) porque lo que ya no está de moda es la moda y hasta la fama es cosa de ancianos sin capacidad de retiro. Si todos podemos reescribir nuestras vidas en cualquier novela, si cualquiera puede ser personaje de un show, si a todos nos ocurren cosas dignas del diario, quiere decir que lo real se decide de este lado de las fuentes comunicativas, y que mi participación de lector o espectador es, en verdad, la de actor y personaje. Se ha llamado "la vuelta de lo real" a este fenómeno bastante irreal, pero sintomático de la nueva realidad forjada por los medios, cuyo sujeto demanda reconocimiento, y es por eso el primer ciudadano del gran televisor del mundo.

No es casual que "Survivor" ocurra en una isla. Si el hombre del Renacimiento creyó que podría sobrevivir en una isla, gracias a que el mundo era un pródigo texto divino por descifrarse, nosotros creemos que una isla es una estación del ciberespacio y para sobrevivir en ella se requiere un manual del usuario. Richard, el gran manipulador, es el que mejor manejó los hilos, pero no del teatro de la vida sino de la vida digitalizada, allí donde lo real es una isla cibernética; o sea, una orilla del próximo mundo.

Julio Ortega. Escritor peruano / Brown University

N° 71 Aņo III
Caracas, sábad 09 de septiembre de 2000
 
 
Yo, Reverón, aquí
(Luis Pérez Oramas)
 

Apuntes
Cuando todos somos noticia
(Julio Ortega)

Creación
Y sacude el horror de lo callado
(Lila Zemborain)
Ensayo
¿Velocidad es belleza?
(Teódulo López Meléndez)

Reseña
Pie de página
(Sael Ibáñez)

 
Entrevista
"Admiro de Reverón la crisis de la mirada"
(Milagros Socorro)
 
 
 
 

 

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