|
Entrevista
JOHN
ELDERFIELD
"Admiro
de Reverón la crisis de la mirada"
"Reverón
se le reveló a Elderfield" durante la Bienal de São
Paulo 1998, se le oyó comentar a Rafael Romero, miembro del
comité que actuará como intermediario entre Venezuela
y el
Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), institución que
abrirá sus
espacios al artista a mediados del 2003. El curador inglés
valora la obra de Reverón como una síntesis de perspectivas
únicas, según aseveró en entrevista con Milagros
Socorro

Foto: Felix Gerardi
Elderfield no duda de la "estatura mundial"
de Reverón
John Elderfield,
es el curador jefe itinerante del Museum of Modern Art (MoMa)
de Nueva York, y es por su intervención que cien obras de
Reverón serán expuestas en ese tremendo centro
artístico en el otoño del 2003. Quiere decir que Elderfield
es alguien, dotado de un gusto exquisito y que cuando le pone el
ojo a un artista, como hizo con Reverón cuando lo
descubrió en São Paulo, no ceja hasta dejarle las
mejores paredes del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Esta muestra
será la primera que se consagra a un pintor latinoamericano
en sesenta años.
-He estado
en el MoMa desde hace 25 años -explica Elderfield-
y he trabajado en dos de los departamentos especializados; trabajé
como curador en el Departamento de Pinturas y Esculturas y luego
fui director del Departamento de Dibujos. Más tarde opté
por una posición que me permitiera más libertad para
trabajar donde yo quisiera, de allí mi cargo "itinerante".
Pero en realidad se trata de un permanente viaje dentro del museo.
El hijo
del capitán
"Soy británico. Crecí en el condado de Yorkshire,
en la costa del mar del Norte. Mi padre murió en la II Guerra
Mundial, justo antes de nacer mi hermano gemelo y yo. Mi padre era
oficial de la Fuerza Aérea, su avión fue derribado
y se precipitó en el océano y su cuerpo nunca fue
encontrado. Crecí en Glasgow sin ningún contacto con
museos ni nada parecido. Cuando teníamos once años
mi madre se volvió a casar y mi padrastro era pintor aficionado,
así que desde temprana edad yo mismo empecé a pintar".
"Mi primera
experiencia con el arte no tuvo que ver con la asistencia a museos
sino de hacerlo uno mismo, que es muy diferente. Quería ser
pintor pero a mi madre le parecía horrible la idea de escoger
la pintura como carrera y me convenció de inscribirme en
Arquitectura, carrera que estudié por un año. Me cambié
a un programa universitario que consistía en trabajar la
mitad del tiempo en un taller de pintura y el resto en seguir estudios
de historia del arte. El director de este programa era Quentin
Bell, hijo del crítico de arte Clive Bell, sobrino
de Virginia Woolf, quien daba mucha libertad a los estudiantes,
lo que me venía a la perfección. Después de
graduarme fui profesor en una escuela de arte y entonces empecé
a escribir para revistas de arte. Me matriculé en un postgrado
en Historia del Arte en Londres pero lo interrumpí cuando
recibí una beca para seguir estudios en Estados Unidos. Estuve
dos años en la Universidad de Yale, escribí mucho
para la revista neoyorquina Art Forum, y fue entonces cuando
entré en contacto con gente del MoMa. Regresé a Inglaterra,
terminé mi doctorado y en 1975 me llamaron del MoMa".
"Lo que
me gusta del MoMa es que es un lugar excelente para trabajar con
arte moderno, por dos razones: primero, porque la colección
es maravillosa, es un gran privilegio estar todo el día en
ese edificio, con esas obras de arte y trabajar con ellas; y la
otra, es que para hacer exposiciones, en Estados Unidos, particularmente,
ayuda mucho tener una colección importante porque eso le
permite a uno ir a otro museo a pedir obras en préstamo con
la seguridad de que te las darán porque eso abre la posibilidad
de que ellos vengan luego a hacer lo mismo. Eso facilita las cosas
cuando uno planifica exposiciones difíciles y necesita piezas
que otros museos nunca prestan".
MS: Usted
viaja constantemente y tiene acceso a la obra de los más
grandes maestros del mundo
JE: Efectivamente.
-Pero la
fascinación que sintió por la obra de Reverón,
cuando la vio en São Paulo, no suele experimentarla con muchos
artistas
-No. La verdad es que no.
-¿Cree
usted que su reacción ante la obra de Reverón podría
explicarse por sus antecedentes personales? Una infancia frente
al mar, un padre heroico que se precipita en el mar en medio de
una bola de fuego
-Claro que el tipo de trabajo que hago tiene que estar motivado
por algún evento de mi propia vida. Cuando le preguntaron
a Bonnard por qué se había convertido en pintor,
él respondió que era porque quería llevar una
vida de artista. A Bonnard le encantaban las mujeres y su
idea de un pintor era la de un hombre rodeado de mujeres. En mi
caso, bueno, está claro que el haber escogido una carrera
que tiene que ver con mirar
y mirar un campo de visión
concreto para descubrir cosas en él
tiene que estar
profundamente relacionado con aspectos de mi propia vida. Piense
usted que mi hermano gemelo es oceanógrafo y cuando yo le
hago ver la relación que eso podría tener con la desaparición
de nuestro padre en el océano, él niega toda conexión.
Pero seguro que debe haberla. Claro que si uno acepta esta correspondencia
como cierta, automáticamente reconoce que eso influye en
el tipo de arte en el cual uno se interesa. Su pregunta me ha perturbado
porque no me la esperaba, pero la verdad es que yo he pensado en
todo esto y es por eso que puedo responderla.
-Al margen
de esta vinculación personal que podría usted experimentar
con la obra de Reverón, ¿qué es lo que más
le interesa en esa obra?
-Una de las cosas que más me interesan en el modernismo es
toda esa crisis de la visión. Desde el siglo XVIII se viene
registrando un cierto escepticismo acerca de qué tipo de
conocimiento del mundo puede lograrse a través de los ojos.
Antes de ese momento era posible para un artista creer que estaba
representando la realidad. A partir del momento en que los artistas
comenzaron a dudar de su propia capacidad para captar la realidad,
se dedicaron a representar su propia percepción de esa realidad
sin aspirar a reproducirla de manera objetiva. Todos los grandes
artistas aceptan esto y lo reflejan en sus obras. En cuanto a mis
preferencias, los artistas que más me interesan son los que
dedican un tratamiento especial a este aspecto.
-Es obvio
que Reverón integra ese grupo.
-De manera sumamente interesante, por cierto. Hay una noción
popular según la cual la pintura tiene como fin el hacer
visible algo y claro que esta es parte de su función
pero la otra es, a veces, ocultar cosas, hacer lo opuesto. Si el
objetivo oficial es hacer algo visible, entonces surge la pregunta:
¿qué puede uno, en realidad, ver del mundo? Los grandes
artistas enfrentan siempre este problema, de una u otra manera.
Una interpretación del arte afirma que la obra está
relacionada estrictamente con las visiones del artista; y la otra,
dice que la obra es la manifestación de la acción
visual de quien la mira. Reverón es la síntesis
de estas dos perspectivas.
-¿Qué
percepción tuvo usted de la obra de Reverón
cuando la vio reunida en São Paulo?
-Algo no funciona cuando uno ve exposiciones colectivas de arte
latinoamericano porque algunas obras importantes pueden pasar desapercibidas
en el conjunto. Yo había visto piezas aisladas de Reverón
que no me habían producido la impresión que luego
tuve cuando vi muchas obras juntas en São Paulo. Entonces
fue cuando me pregunté cómo era posible que yo ni
siquiera recordara a un artista tan poderoso como Reverón.
Me quedé asombrado, pensé que nunca había visto
nada así, me resultaba familiar y a la vez desconocido.
Hay un buen
cuento sobre Renoir, de la época en que hacía
bodegones y ponía las flores con mucho cuidado para pintarlas
primero del lado en que se veían más ordenadas y luego
las pintaba del otro lado. La contemplación de la obra de
Reverón me hizo pensar que los europeos habían
estado pintando la realidad desde este lado mientras que Reverón
lo hacía desde el otro lado. Esta diferencia de visión
lo desplaza de manera radical hacia un lugar desde donde no hubiera
podido pintar nunca ningún artista europeo. Es muy notable
la manera en que Reverón renunció al color
a favor del blanco y la preeminencia que le otorgó a la superficie
de la obra. Y eso fue lo que me impresionó en São
Paulo.
-Cuando
usted dice que la perspectiva de la mirada de Reverón
nunca hubiera podido ser compartida por un artista europeo, ¿se
refiere a que Reverón era distinto en un sentido geográfico
o mental?
-Era distinto en ambos sentidos. No se puede separar el lugar de
donde uno proviene de la cultura en que se inscribe. Esa es mi desventaja
personal al respecto, que yo no conozco el contexto cultural de
Reverón. Lo que sí sé muy bien es que
estamos ante un gran creador, de estatura mundial.
Milagros
Socorro. Periodista
|